Recorrí aquella vereda jalonada por robles viejos que parecían monstruos abriendo unas fauces talladas por el relámpago. Y tuve miedo, y los claroscuros del plenilunio no me ayudaron a aminorar el paso.
Si no la hubiera perdido de vista tras el crepúsculo jamás me habría obligado a seguirla a semejantes horas. Por desgracia, las insinuaciones de aquella desconocida morenaza ya se habían convertido en mi perdición. Consciente fui de ello cuando noté que algo me seguía cual ágil y mudo ser.
Antes de volverme la alimaña se echó sobre mí, y, aunque no atisbé rasgo alguno en la oscuridad,... Leer más